lunes, 8 de febrero de 2010

Noam Chasco

Una regla de oro para considerar las opiniones de otros es siempre tomar estas con un granito de sal. Pero aun así es apropiado tenerlas en cuenta (más aun si están avaladas por la voz de la experiencia y su famoso método de prueba y error).

Cuando Noam Chomsky propuso sus cinco filtros de las noticias, el internet aun no era el monstruo asimilador que es hoy.


Ilustración 1: El internet fuente

¿Qué tan bien han aguantado estos filtros el paso del tiempo hasta este 2010 año de nuestro señor de Zacatlán? Saquemos el salero y veamos*.

*Advertencia: Este es un blog de opinión, escrito por un analfabeta funcional.

  1. El primer filtro radica en la “magnitud, propiedad y orientación de los beneficios de los medios de comunicación”; es decir, la configuración empresarial del mercado de los medios.

La información ES la moneda de hoy, ya no se trata solo de acumularla; los monopolios de la comunicación murieron o están comprándose tiempo. No es que hayan dejado de existir, mas bien no les quedo de otra que entrar al juego del intercambio de la información (ya que ahora cualquier usuario puede volverse constructor de realidad); nivelando un poco más el campo de juego entre el comunicador y el usuario.

  1. El segundo filtro se basa en el “beneplácito de la publicidad”. Desde el siglo XIX, la publicidad es el determinante por antonomasia de la rentabilidad económica de los periódicos. Chomsky y Herman manifiestan: “Las elecciones de los anunciantes son las que influyen en la prosperidad y la supervivencia de los medios”.

Desde que el usuario puede “editar” el flujo de información que recibe, la publicidad ha tenido que pensar de forma más sutil. Aun existe, solo que ahora es más sutil, atendiendo las necesidades del sujeto (gracias en gran parte a el flujo de la información).

  1. El tercer filtro se basa en el suministro de noticias a los medios de comunicación. Básicamente, el modelo de propaganda funciona mediante la información generada por el gobierno, las administraciones públicas, las instituciones burocráticas y las corporaciones. La información que reciben los periodistas está cuidadosamente preparada por las burocracias o las empresas, con el fin de “facilitarles” el trabajo.

“Versión oficial” ya no tiene las connotaciones que solía tener. Si quieres quedar como un medio de poco análisis, lo mejor que puedes hacer es jugar a que existe una verdad inalterable. En una época donde es posible encontrar todas las versiones y enfrentarlas, se podría considerar hasta de mala educación dar a conocer solo un punto de vista.

  1. El cuarto filtro bascula sobre las críticas a los contenidos de los medios de comunicación; un número heterogéneo de respuestas negativas que son orquestadas por las elites gubernamentales y económicas para acallar cualquier información o emisión que suponga un atentado contra sus intereses.

Aún se puede acallar, de eso no queda duda. Lo malo es que solo pueden callar a las fuentes, las repetidoras se reproducen demasiado rápido como para poder callarlas a todas.

  1. El quinto filtro originalmente se basa en el anticomunismo como mecanismo de control ideológico. Una versión actualizada es la operativa típicamente propagandística, y centrada en la “regla de la simplificación y del enemigo único” de la que habló Domenach hace ya medio siglo: ellos contra nosotros.

Aquí se repite lo que ha sucedido con los puntos anteriores:

¿Qué ideología es la buena?

Existen tantas agendas, tantas opiniones, todas luchando y cooperando por tantos objetivos diferentes que la ideología parece pasada de moda. Solo nos queda la validez, y el esperar que siga siendo la misma durante toda la semana.


martes, 2 de febrero de 2010

Muerte por medios

Una vez un amigo dijo algo que se salvo de ahogarse en las extensas lagunas de mi memoria:

“La neta, la neta, lo peor que te puede pasar es morirte en día de muertos o nacer en Navidad”

Me lo quede por su proximidad a mi experiencia, ya que mi abuelo había muerto un 2 de noviembre luego de que su hermano muriera el 25 de diciembre. Coincidencias extrañas de los hermanos extraños, supongo yo. Luego de algunos años, ya no sabes si la persona vino antes de la fecha o viceversa; el evento y el sujeto compitiendo por mantener relevancia en tu cabeza. Constructos de memoria que se bautizan realidad.

Con apenas un mes dentro del 2010, sujetos y eventos nos llueven de los encabezados de los noticiosos de la nación; mostrándonos su realidad, los mejores y peores ejemplos del periodismo condensados y listos para ser servidos a un público hambriento de información (misma información que los medios consideran relevante). Levanta las preguntas ¿Cuál realidad es la que vale más? ¿Las desgarradoras historias de los sobrevivientes de uno de los peores desastres que ha visto esta generación? ¿La lucha interna de una nación tolerante pero excluyente? ¿El eterno debate de que si una figura publica también es un ser humano? ¿Quién tiene el monopolio de la verdad? ¿Acaso existe algo así?

¿Y qué hay de aquellos que esta semana no lograron pasar el proceso de selección? ¿Quiere decir que ya dejaron existir? Quién sabe, pero es bueno recordar el mantra de esta época, “ser visto, es lo mismo que ser.”

Entre todo esto, el 27 de enero murió J.D. Salinger, autor de varios relatos y famoso por su obra magna “El guardián en el centeno,” una vaporosa carta de amor dedicada a la adolescencia. Poco es lo que se conoce de la vida de Salinger, aparte de algunos datos familiares y uno que otro dato curioso sobre él. Cosas como su vida militar, su acercamiento al Budismo Zen, la admiración mutua con Hemingway; pero sobre todo, su relación con los medios. Luego de publicar al Guardian, Salinger se alejó de los medios, hasta llegar a un punto donde la opinión pública se preguntaba si realmente existía el mítico escritor.

Al final, su muerte física solo fue una extensión de su muerte mediática, un hombre que definió una generación con su trabajo, su deceso reducido a no más que una minuta en la sección de “cultura” de la mayoría de los medios. Como decía mi amigo:

“no hay nada peor que morirse en día de muertos”

Rodrigo Fajardo